martes, 27 de marzo de 2018

LOS GUERREROS CELTAS


Los guerreros celtas en la alta Extremadura

La herencia celta está profundamente enraizada en los orígenes de nuestra cultura. Pero,  ¿ quiénes eran los celtas?, . Parece una pregunta bien sencilla, pero en realidad encierra muchas respuestas. En los siglos VII – VI antes de J.C. los celtas se extendían desde el Atlántico hasta Europa oriental. Su origen se pierde en el origen de los tiempos, pero se puede decir que salieron del anonimato prehistórico hace unos dos mil quinientos años. A partir de aquí podemos encontrar algunas referencias de los autores clásicos, que nos hablan de la Keltiké – la Celtica, comprendida entre Francia, Alemania, Suiza y Austria. Allí en pleno corazón de Europa, vivía un conjunto de pueblos, con una lengua y costumbres comunes que más tarde los investigadores agruparían bajo el nombre de la cultura Hallstatt.

Los celtas, junto con otros pueblos como los germanos, los persas, los latinos o los hititas salieron de un grupo común. Este antiquísimo grupo humano, con semejanza de lengua y cultura, ha sido llamado indoeuropeo. Se cree que en el III milenio antes de Cristo se extendieron, surgiendo aldeas fortificadas, donde habitaban hombres y mujeres dedicados a la agricultura y al pastoreo. Así emergieron numerosos pueblos nómadas, que no conocían más patria que el camino, ni más hogar que el lugar donde decidían acampar. Esto contribuía a que no tenían mucho interés en las artes, escultura, pinturas.

Según Herodoto, “los celtas ocupaban un amplio territorio del mundo occidental, desde la fuentes de Alto Danubio a más allá de las columnas de Hércules”.
Eran los celtas, “Señores de la Guerra”, comenta el cronista Maximus, en relación con el uso de la cal por parte de los guerreros celtas  decía lo siguiente: “la cal les daba una apariencia frenética y monstruosa, y cuando actuaban en la embestida, siempre lograban asustar a sus adversarios”.
Para el pensamiento celta, la valentía era el camino directo hacia la gloria del Más Allá, el espacio de ultratumba, en la  otra vida, la que se alcanzaba a través de la transmigración de las almas. Por ello, ese ardor en los combates se hacía más notable, porque los guerreros celtas no temían a la muerte: los druidas les habían inculcado el valor y la fuerza, tanto física como moral, que hizo de los celtas los guerreros más fuertes de la Antigüedad.
Una de las manifestaciones artística del  pueblo celta, son las esculturas de sus guerreros que se pueden relacionar con la aristocracia de tipo militar. Son unas figuras bastante toscas, de tamaño natural o superior, en la que se aprecian una clara preocupación por subrayar ciertos rasgos como símbolo de categoría y prestigio: el armamento generalmente, un escudo singular, puñal sobre el costado, espada, y a veces casco, cuyo origen se puede situar en la meseta.
Se piensa que podían representar a los dioses, pero parece más seguro que se trate de héroes o personajes notables pertenecientes a la casta militar, que posiblemente dominaba la entrada principal de la aldea. Se conocen unas treinta figuras de este tipo, fechada en los Siglos I y II antes de Cristo, para otros autores anteriores, pues es muy posible que se basen en una tradición anterior.
Dos de estas figuras, las encontramos en el norte de Extremadura, Una procedente de Segura de Toro  que se encuentra en el Museo Arqueológico de Cáceres, y la otra actualmente propiedad de la familia Ojesto, en la localidad de San Martin de Trevejo que se encuentra en el patio de su casa, y que fue encontrada en la Dehesa de Villalba, termino municipal de Villamiel.
El Guerrero de Segura de Toro.
Estela del guerrero.- Se encontró caída al lado de una pared en el "collao Melchor". Se trata de un bloque de granito no muy compacto por el predominio del feldespato. Mide de largo total ciento nueve centímetros; en la cintura, treinta y uno.
La grabación se ha hecho sobre una superficie plana. La parte posterior de la piedra se ha desbastado en forma de quilla, y la zona más inferior de esta cara se ha rebajado de grosor buscando un afilamiento. Ello nos lleva a aceptar que estaría hincada y además empotrada, por tanto, de pie.                                                                                                   
  La representación humana se ha logrado redondeando la cabeza; a la altura del maxilar inferior se ha practicado un corte en cuña que se ha hecho más profundo a los lados que a la altura del mentón, y de este modo se ha figurado el cuello. La anchura del cuello. La anchura del cuello es de catorce centímetros; desde el mentón hasta la parte superior de la frente mide veinte centímetros. Los hombros han sido contorneados. Las representaciones de la cara se han reducido a los ojos y a la boca. El proceder que se utilizó para estos logros ha sido la percusión o litotricias. Dos vaciamientos más o menos redondos representan los ojos, y con dos excavaciones semejantes se debió iniciar el trazado de la boca, pues dos oquedades redondeadas aparecen en las comisuras bucales que luego se unieron por una línea profunda, quedando la hendidura como figuración de una boca entreabierta.
En el cuerpo de la figura y en el centro del pecho, partiendo de la que sería fosa subclavicular derecha y discurriendo oblicuamente de derecha a izquierda y de arriba a abajo, aparece el diseño de espada cuya punta no llega a alcanzar la línea anterior axilar del lado izquierdo y sí la región de las costillas flotantes de ese lado. Esta distancia medida en su sujeto normal da una longitud de cuarenta centímetro. Los trazos que permitieron grabar, y excavar, esta forma no están muy bien conservados en toda la composición. La figura que damos en el dibujo, la tomamos como más cierta. Colocada en este lugar la empuñadura del arma se ha situado en el punto donde la acción de aprehensión va unida a la posición mas firmemente activa muscular del brazo.
Se trata de una espada corta, de antenas atrofiadas, en disco o bolas, mango largo, hoja que, presentándose ancha en la figura, sugiere un contorno fusiforme. Creemos que es la representación del arma dentro de su vaina y de aquí que, para una perfecta información, lamentamos el deterioro de la piedra, por lasca, en la zona de la punta. El arriaz aparece marcado por un contorno ensanchado con ángulos rectos y en cada uno de ellos se evidencia la labra de una hocita; cuya personalidad, con tan abundantes manifestaciones, se destaca al enfrentarle con el arte céltico europeo. Mide esta espada veintitrés centímetros de larga; ocho centímetros es el largo de la empuñadura; el ancho mayor de la espada, medido en la parte media de su hoja, es de cuatro centímetros. La anchura de la empuñadura es de veintitrés milímetros; la del arriaz de seis centímetros; el largo de la hoja de quince centímetros.
Y con estos elementos hemos de fijar la cronología de esta Estela.
Es la espada la que más puede centrar el "tiempo". Su emplazamiento sobre el pecho elimina la que al decir de Posidonio llevaban los guerreros celtibéricos, rizada casi a la altura de la cintura y que era de un palmo de longitud, tamaño excesivamente corto para el arma que estudiamos. La presencia de un remate biglobular la concede toda la categoría celtibérica. Habiendo surgido en terrenos de prodigada "cultura de verracos", nos obliga, y nos permite, documentarla con los hallazgos de círculos hermanos, mientras llegan los productos "propios" que una excavación bien dirigida en este "complejo", sin duda aportaran.
Creemos que este monumento se acomoda, con todo derecho, dentro del arte céltico español cuya personalidad, con tan abundantes manifestaciones, se destaca al enfrentarle con el arte céltico europeo.

El Ídolo gigante de Villalba, Guerrero de Gata o Idolo de San Martin de Trevejo.
                                                                                        

Es una escultura también labrada en granito con forma de cipo y de grandes dimensiones, con una altura de 2,10 metros de altura que fue encontrada en la pared de un molino. La parte inferior, se adorna con ondas de carácter acuático grabadas con trazos incisos y semejante a las decoraciones de la cerámica castreña. La parte superior de la estatua remata en una cabeza humana rota y una especie de coleta recorre la zona superior y occipital de la testa.
En la parte anterior del cuerpo, se aprecia una cartela que hace referencia al año 1792, posiblemente hecha por el autor del hallazgo que quiso dejar constancia de la fecha de su descubrimiento.
Esta escultura que puede ser clasificada como propia del arte y cultura castreña, se mueve desde el punto de vista estilístico, dentro de unos rasgo de rudeza, tosquedad y despreocupación total por la forma, lo cual contrasta con el especial cuidado puesto en la labra de ciertos detalles como el cabello y la coleta que recorre la cabeza.

Ambos guerreros se pueden apreciar que los detalles anatómicos están escasamente representados. Por lo que ambos podrían datarse cronológicamente en la misma época del arte céltico europeo.


Datos obtenidos:

Comunicación presentada en el IX Congreso Nacional de Arqueología, presentado por MARCELIANO SAYANS CASTAÑOS.

Los Celtas .Teresa Vega. Monografia. 1993.

Jose Antonio Pajuelo Jimenez. Visita la vozdeplasencia.blogspot.com









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