domingo, 28 de abril de 2013

GALARDONES "TORRE DE AMBROZ" 2013





En la Ciudad de Plasencia, a 26 de abril de 2013.

La Asociación Cultural Placentina 'Pedro de Trejo' entrego este viernes, 26 de abril, los galardones "Torre de Ambroz" 2013. La cita tuvo lugar a las 20:30 horas, en la Sala Capitular del Parador de Plasencia.

Reunida la Junta Directiva de la A.C.P. Pedro de Trejo, en sesión extraordinaria el día 13  del presente mes de abril y con un solo punto del día: la concesión de los Galardones 2013


Debatida la concesión de los Galardones Torre de Ambroz, por unanimidad  de los miembros de la Junta Directiva se acordó conceder los Galardones 2013, a las siguientes personas e instituciones:


 Se concede el Galardón Torre de Ambroz a título personal a Don Francisco González Cuesta, Archivero Emérito de la Santa Iglesia Catedral de Plasencia, profesor de Geografía e Historia, por la labor  de investigación y divulgación realizada a lo largo de su vida y recogida en numerosas publicaciones, que han enriquecido el acerbo cultural de Plasencia y sus Comarcas, así como en toda Extremadura. Valga esta concesión de merecido agradecimiento a su persona y al trabajo e ilusión que siempre ha manifestado y sigue manifestando por nuestra querida Plasencia. 





Se concede el Galardón Torre de Ambroz, en la categoría de INSTITUCIONAL, a CAJA ESPAÑA CAJA DUERO-BANCO CEISS, en esta concesión se tiene en cuenta el apoyo de esta Caja, a los Premios de Investigación Histórica de “PEDRO DE TREJO”, de los cuales lleva siete años siendo la patrocinadora de la parte económica del mismo, así como sus múltiples actividades en pro de la cultura en nuestra región.


             A todos los que han colaborado en este acto,les quedamos muy agradecidos.
                                        "SEMBRANDO INQUIETUDES"


sábado, 27 de abril de 2013

"LA CORONACIÓN DE LA VIRGEN DEL PUERTO", 27 DE ABRIL 1952.


LA CORONACIÓN DE LA VIRGEN


En Vísperas del Día

Había precedido una Novena en su Santuario. Durante ella, en la noche del 19, se lanza el pregón de la Coronación,  con una conferencia de altos vuelos. Otras tres conferencias más, en noches sucesivas, sobre temas marianos. El 20 la Tradicional Fiesta y Romería popular; se nota este año más nerviosismo entre las gentes. Llena la Iglesia, lleno el atrio y la explanada. Las laderas de enfrente son un tapiz vivo y multicolor…
En la tarde del Sábado 26, la Ciudad entera se da cita en San Antón. A las siete y media  llega el Excelentísimo Sr. Nuncio Apostólico, escoltado, desde Béjar, de una caravana de coches con el Prelado diocesano, representaciones de Autoridades y de la Junta Directiva. En la gran avenida del Ejército es recibido por el Ayuntamiento, Cabildo Catedral y una inmensa masa de Sacerdotes y fieles que aclaman delirantes al representante del Papa. Una compañía con bandera y música rinde honores. Suena vibrante y agudo un cornetín. Pasa la Bandera gloriosa de la Patria muy en alto, acariciando los aires del atardecer. Desfilan marciales los soldados del Regimiento Ordenes Militares.
El Excmo. Sr. Nuncio con Obispos, Autoridades y pueblo van al llano de los Alamitos. Allí esperan la llegada de la Virgen…
Por la senda zigzagueante y polvorienta, entre apretadas filas, viene más bonita y sonriente que nunca, con su, sombrero de campesina, con flores de serranía…
El Deán, siguiendo la tradición, encomienda con palabras rituales, al Alcalde la custodia de la Sagrada Imagen. El Alcalde acepta el honor que se le hace y pone su vara de Autoridad en los brazos de la Virgen. Del inmenso bosque humano salta, como saetas encendidas, vítores y aclamaciones. Hay lágrimas en los ojos que no se secaran hasta finalizar la jornada del día siguiente… Aquella noche le hace guardia la Adoración nocturna, con vigilia tensa de oración.
En la Ciudad hay también obligada vigilia. Pocos duermen en la noche mágica con temblores de impaciencia. Al quebrar albores, ruedan por los silencios matutinos las notas callejeras de la alborada popular, encendiendo las almas que están en duermevela…

 La mañana del Día Grande

Mañana abrileña de luz y de sol. El cielo, sin una nube, luce espléndido su ropaje azul. Por todas las calles estrechas para la multitud, revienta de las almas la alegría, Plasencia está blanca y ataviada, como una novia. Calles limpias, fachadas blanqueadas, balcones iluminados, luces guirnaldas, bandas de música. Más de una docena de tamborileros van prendiendo por los rincones las notas populares de su tun tuntún, tun…
A los incontables peregrinos de los días anteriores se van sumando los que ya, desde muy temprano, irrumpen por todos los caminos y en toda clase de vehículos. Los trenes de Béjar, Madrid y de Cáceres vuelcan su apretada carga humana.
A las once salen de la Plaza los Ayuntamientos y Cabildo. El repique de campanas, el estallido de cohetes, los cánticos florecen en una primavera de corazones jubilosa y estremecida. ¡Eran mucho los días y las noches pasadas en espera de este Día Grande!

En el Parque

Todos van desembocando en San Antón. El verlos llegar es algo imponente. Riadas enormes de Plasencia y de todos los pueblos de la Diócesis; Comisiones de los Ayuntamientos; nutrida representación de Jefes y Oficiales de la guarnición. Destaca un uniforme  de Marina y otro de Aviación. Colonias Placentinas de Madrid, de Cáceres, de Salamanca. Chicas guapas ataviadas con los trajes típicos, de Montehermoso, Serradilla, Garganta la Olla, Candelario, Villanueva, Trujillo, Malpartida, Cabezabellosa, charras salmantinas.
Los Ayuntamientos de Béjar y Trujillo en pleno y bajo mazas, con bandera y banda de música. Trujillo con empaque, escolta a sus viejos pendones, con polvo de historia…
La inundación incontenible va entrando, con orden, en los cauces señalados. En el centro de la gran explanada se van llenando miles de sillas. En torno al Altar se extiende la muchedumbre, como en un inmenso anfiteatro. Hay una tribuna,  en graderío, para las numerosas chicas de los trajes regionales. Se arracima en las cercanías una masa incontable, aún los árboles, los riscos, los paseos de la lejanía van rebosando de gentes, con trajes multicolores. El viejo acueducto flaquea uno de los lados con sus arcos, en homenaje de piedra. En el fondo, como marco soberano, el frondoso boscaje del  Parque alto del Generalísimo…

Llega la Sagrada Imagen

A las once y media hace su entrada la Virgen. Es un momento impresionante. El mar encrespado de multitud se agita frenético.
Como un navío empavesado de oro y plata, ELLA, navegando dominadora en sus andas entre aquél inmenso océano… Ante ELLA, vienen trenzando sus danzas rituales los “Negritos” de Montehermoso y las “Hitalianas” de Garganta. Detrás, el Cabildo, el Ayuntamiento, las Autoridades. Con el Excmo. Sr. Nuncio, de Capa magna, los Prelados de Plasencia, Badajoz, Salamanca, Ávila, Ciudad Rodrigo y Coria. El Alcalde porta las Coronas en una gran bandeja de plata, sobre un cojín de terciopelo…
Llegan a la plataforma de la Coronación que se levanta majestuosa. En ella, a un lado, quedan las Autoridades locales y provinciales y la Junta de Honor; a otro, el Cabildo Catedral y numerosos sacerdotes con capa pluvial. En un segundo cuerpo más alto, al lado del Evangelio, el Trono del Sr. Nuncio y Ministros oficiantes; en el de la Epístola, los seis Obispos asistentes revestidos y con Mitra. Ante el Altar, las Coronas refulgen con su oro y pedrería; en lo alto, bajo un templete de columnas corintias, maternal y amamantando al Hijo divino, LA VIRGEN DEL PUERTO…

       La Coronación

Con la pompa de los días grandes empieza la Ceremonia. El Sr. Nuncio bendice solemnemente las Coronas. Da comienzo la Santa Misa. En ella, el Obispo de la Diócesis, hace una bella homilía que a través de los altavoces difunde las vibraciones de su emoción…
La uniformidad azul del cielo se rompe con la silueta de un bimotor. A poco, en correcta formación, una escuadra de trimotores. Pasan una y otra vez, arrojando flores. Suenan roncos los motores, cada vez más bajos. Como nevada copiosa revolotean por los aires los pétalos de la ofrenda de los marineros del espacio…
Acaba la Misa. El representante del Papa asciende por lo últimos peldaños alfombrados. Es el momento cumbre. La angustia corta miles de respiraciones… Con sus manos consagradas coloca primero la del Niño, luego la de la Madre…
Es exactamente la una y cinco minutos…
Suenan  las músicas, estallan los cohetes; más de cincuenta mil personas, con el alma colgada de sus ojos, dejan explotar el volcán reprimido de sus pechos. La ovación es ensordecedora… cientos de palomas saltan en raudo vuelo y aletean un momento en torno al altar… Se hace espuma de pañuelos blancos la inmensa campiña florecida de almas frenéticas y jubilosas, Aún los ojos viriles se empañan  de lágrimas… ¡Es la Apoteosis de la Madre y Reina de Plasencia!
El sol en su cenit, como gigantesca patena de oro, se asocia pasmado y vuelca su ofrenda de rayos ardientes sobre la Virgen Coronada…
La una y cinco minutos del día 27 de Abril de 1952 marcha una hora y una fecha que se quedan vinculadas a la Historia de la vieja Ciudad de Alfonso VIII, sobre un suelo bendecido de rosas y de lágrimas, que será por siempre el PARQUE DE LA CORONACIÓN.

En Triunfo

Sale triunfante la Virgen en Procesión imponente camino de la Catedral… Largas teorías de fieles, seminaristas, sacerdotes, albos roquetes, capas pluviales. Al fin los picos puntiagudos de las Mitras episcopales.
Va la tierna Virgen a hombros de recios extremeños; entre murallas de corazones conmovidos; pasa bendiciendo las casas de sus hijos, envuelta en incienso de de flores y cánticos y rezos y danzas y lágrimas… Va hecha un primor, con  su Corona rica, con su manto nuevo, robando corazones que se prenden a su cara bonita con hilos fuertes de amor…
Llega a su trono, a los acordes del órgano. Los incesantes vítores, ante el asombro de las bóvedas centenarias catedralicias, se cuajan potentes en la plegaria universal: “Dios te salve, Reina y Madre de misericordia…
¡Virgen y Madre¡ Como todos los que vivieron las horas imborrables de emoción y entusiasmo de tu Coronación canónica, yo también he sentido a flor de mis carnes y de mis pupilas el estremecedor amanecer de tu gloria que brota de mis entrañas con ansias incontenibles de clamar: ¡Madre, Madre! ¡Reina y Madre de misericordia…

NOTAS DE LAS FIESTAS
 Dieron realce con su presencia,  el Excmo. Señor Nuncio y Obispo de la Diócesis y los Prelados de Badajoz, Salamanca, Ávila, Ciudad Rodrigo y Coria. De los miembros de la Junta de Honor estuvieron los Sres. Gobernador Civil, Presidente de la Diputación,  Alcalde de la Ciudad, Coronel del Regimiento Ordenes Militares, Auditor de la Rota D. Ildefonso Prieto, Juez de Instrucción y Primera Instancia, Deán de la Catedral y D. Emilio  González. Lamentamos la desgracia familiar ocurrida aquel mismo día al Sr. Montero Neria que le impidió sumarse materialmente al acto, al que había venido.
Asistieron además, entre otras, las siguientes personalidades: General Gobernador Militar, Coronel del Tercio de la G.C. Teniente Coronal de la Comandancia de la G.C., Vicepresidente de la Diputación, Diputados Provinciales Sres. Mediavilla, Cid, Fernández, Giménez, Torrecilla, Carreño y Cruz. Delegados Provinciales de Hacienda, Trabajo y Sindicatos, Procuradores en Cortes, Señores Barona, Elviro y Vizoso, Decano del Colegio Notarial, Presidente de la Cámara Sindical Agraria, Párroco de Santa María la Cabeza de Madrid, Consejo Local de F.E.T., Juntas Directivas de la Colonias de Madrid y de Cáceres y otros muchos.
Los Arciprestes, Párrocos y Sacerdotes que vinieron de los pueblos de la Diócesis en número de medio centenar, asistieron gran parte de ellos con capa pluvial. Vinieron también Sacerdotes de Coria, Cáceres, Salamanca y de otros distintos pueblos.
Enviaron representación al Acto unos cuarenta Ayuntamientos de la Provincia.
En las noches del 26 y 27 se quemaron unos magníficos juegos de fuegos artificiales, cerca de la explanada del Parque de la Coronación. La gente quedó gratamente sorprendida por el alarde pirotécnico, sobre todo el último día que terminaron con la aparición de la Corona de la Virgen, en llama viva de luces y colores.
Los Coros Extremeños tuvieron dos actuaciones. La del Martes, en el Teatro, en que trabajaron a gusto y dentro del mayor silencio, fue un espectáculo de arte popular soberano. Puede afirmarse que los artistas se superaron maravillosamente a si mismos. El público rebosante que aplaudió con entusiasmo, les hizo repetir la mayor parte de los números. Es mucho el aire que hechan  “aquellos tíos de pueblo” y mucha la sal y simpatía de las lindas muchachas. El Maestro Matos, alma y vida de los Coros que los lleva nerviosamente pendiente de sus dedos y de sus ojos, recibió muchas felicitaciones y aplausos. Este Placentino artista y cordial merece mucho de Plasencia.
Durante las noches de las Fiestas estuvo la Catedral iluminada con luz indirecta de todos sus contornos. Las viejas piedras se nimbaron de una luz blanca y pálida que le daban un sabor romántico de antigua leyenda. Los adornos platerescos parece adquirían una vida espectral. Vista desde los altos de la plaza de toros ofrecía su silueta un aspecto maravilloso, en medio de las sombras de la noche. En los altos capiteles, los cientos de lucecitas parecían estrellas tristes, perdidas, de un firmamento nuevo.

EN HONOR DE LA VIRGEN CORONADA


 En los días 28, 29 y 30 se celebró en la Catedral un solemne triduo de Homenaje Oficial de Plasencia y su Comarca a la Santísima Virgen,  en el que predicó el P. Rodríguez S.J. con un lleno rebosante. Después, se han celebrado Triduos en los Padres y en las tres Parroquias. Las Iglesias se vieron muy concurridas y se repartieron muchas Comuniones. Los traslados procesionales de una Iglesia a otra, a excepción de los primeros, deslucidos por la lluvia, fueron grandes manifestaciones públicas de devoción mariana.
Nos place destacar el último traslado de la Parroquia de S. Nicolás. Fue una expresión de fervor popular. El lunes por la tarde estaba movilizada la feligresía en todas sus clases sociales. Al atardecer la calle de Monroy, Ancha y Trujillo, eran una verdadera colmena. Se construían con prisa, sin alentar siquiera, una interrumpida serie de arcos. Por la calle Ancha, enorme ajetreo. Es simpática esta calle Ancha. Del nombre no tiene nada; es estrecha y larga. Aún dentro de las murallas es un pueblo en la Ciudad, tiene fisonomía propia. Las casas generalmente pequeñas y llenas de vecinos, se aprietan unas a otras, con miedo de perder su sabor y color, con la proximidad de las vías ciudadanas. El lunes estaban todos en la calle; hombres, niños, mujeres. No se podía dar un paso. Mesas, escaleras, sogas, flores, ramos, gallardetes. “Va a pasar la Virgen” decían.
Se  trabajaba febrilmente. En los balcones, luces, colchas, sábanas, mantones de Manila… yo no sé si serían artísticos los arcos. Quizás serán mejores los de Tito o Trajano o el de la Estrella. Pero estimo que la Virgen ha gozado con la expansión espontánea  y cordial de los vecinos de la calle Ancha que le han rendido un bello homenaje de fe y de amor.

Biografía:  B. O. Obispado de Plasencia .Nº 35

José Antonio Pajuelo Jiménez
A.C.P. “PEDRO DE TREJO”.  “SEMBRANDO INQUIETUDES”.



viernes, 5 de abril de 2013

EL PERDÍO.


EL PERDÍO.
En el año 1891 en el mes de Marzo, una mujer placentina muy pobre se dirigió al santuario de la Virgen del Puerto, acompañada de  un niño de cuatro años, hijo suyo, para visitar a una vieja sirvienta del Capellán de aquel entonces, prima suya, como tenía por costumbre porque el sacerdote siempre la socorría con los medios a su alcance que no eran mucho ciertamente.
Ya muy cerca de la ermita, la madre llamada Elvira Rivas, dijo al niño: Ve tu solito, y le dices a tu tía que yo llegaré pronto, pues voy a recoger unos espárragos. El niño se encaminó al Santuario, y su madre se dirigió hacia el monte para buscar lo que podía producirle algunas monedas de cobre con la venta de los espárragos silvestres, de los que hoy todavía abundan por esos lugares.
Pero el niño que era robusto y sano, como hijo de pobre, se atemorizó por ver unas vacas del Capellán que por allí pacían tranquilamente y corrió cerro arriba, sin parar hasta llegar a lo alto en un sitio denominado la “Cueva del Monje” entre canchales y maleza, que da vista a la Humbría, o sea al otro lado del cerro.
Al llegar la madre, pregunta a su parienta por el niño, y acongojada comprueba que ha desaparecido. Lo buscan afanosamente por las inmediaciones las dos mujeres acompañadas por el Capellán y no lo encuentran, fue esto a las tres de la tarde y ya de noche, en vista de sus infructuosas pesquisas, deciden venir a Plasencia para comunicárselo a las autoridades.
El Alcalde, por medio de pregones lo divulgaba por toda la población, y todos los hombres de Plasencia se dirigieron a los parajes del santuario, unos a caballos otros a pie, y el niño buscado afanosamente por todos los que lo buscaron, ni apareció. Por aquella época el monte de Valcorchero estaba lleno de zarzas y espinos y había gran cantidad de alimañas de todas clases, sobre todo lobos, los que hacían estragos en el ganado con frecuencia.
Dos días duró la búsqueda incansable de los placentinos sin resultados, descorazonados todos por creer, que el niño había sido devorado por los lobos; pero no se encontraron  huellas ni vestigios de sus pobres ropitas.

Por fin al atardecer del segundo día, fue encontrado por dos tíos suyos, dormido sobre un comedero de vacas formado por piedra y lleno de paja, que había sobre la pared de una corraliza que servía de herradero del ganado vacuno, situada a poca distancia de la cueva antes mencionada, lo que dista del Santuario cerca de unos dos kilómetros.
¿Cómo se explica esto?, se preguntaba Francisco Mirón al relatar este artículo publicado en el Regional en 1952. “El Perdio”, compañero de clase en la niñez, y a quién oyó muchas veces narrar la experiencia vivida en la escuela delante de sus compañeros y profesor. Los niños no miente, y lo que el recordaba con la escasa imaginación de su corta edad fue así: decía que sintiendo mucha hambre buscaba entre los zarzales el fruto de la zarza mora ya reseco, y que aprendió a recoger con su madre, y al verse entre la maleza, gritaba y lloraba llamando a su madre aterrorizado.
Más de pronto se acercó un anciano de barba blanca, vestido con la clásica anguarina (gabán de paño burdo y sin mangas que usaban los labradores en esa época). Decía que el anciano lo cogió llevándole al sitio antes indicado, acostándolo en aquella especie de cuna; y no recuerda más, pues se quedó dormido.
“El Perdio” había nacido en 1887, cuando se escribió este articulo tenía 65 años de edad, se le conocía en Plasencia por este apodo que desde entonces llevaba, y para él era como un titulo y ejecutoria de nobleza. Se llamaba Manuel Santos Rivas y fue un ferviente devoto de la Virgen del Puerto.
¿Como pudo subsistir sin comer ni beber tanto tiempo, y sobre todo soportar el frío de las noches de Marzo en aquellas alturas de la sierra. Las alimañas lo respetan…
¿Quién era el anciano que al encontrarle en aquellos  agrestes que al encontrarle en aquellos agrestes lugares lo traslada al sitio más confortable?, ¿ Por qué no notifico a nadie el hallazgo de la tierna criatura, abandonándolo al parecer a su suerte?. Es este un  misterio que el “Perdío” no se explicaba; es decir, creía que fue un milagro de la Virgen que lo protegió y lo mantuvo bajo su amparo hasta que se le encontró sin síntomas de agotamiento ni desmayo.
La madre del “Perdío”, loca de contenta con su hijo en los brazos, se lo ofreció a la Virgen del Puerto, entre lagrimas emotivas de los presentes.
Los donativos al niño fueron cuantiosos y aliviaron algo su pobreza. Pocos días más tarde el pueblo en masa acudió al Santuario donde se celebro una misa extraordinaria en acción de gracias. Fue un día grande en la Ciudad que recordamos a todos los devotos de la Virgen del Puerto nuestra Patrona, y a todos los placentinos.
Este episodio es rigurosamente cierto. Así se narra en los archivos del Santuario, y que hoy damos a conocer próximo a la romería del día 6 de Abril.
José Antonio Pajuelo Jiménez
A.C.P. “PEDRO DE TREJO”.  “SEMBRANDO INQUIETUDES”.




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Jose Antonio:Médico. Pedro:Industrial,Documentalista. Pero sobre todo, y desde hace cuatro décadas, personajes incansables rescatando el recuerdo de nuestras raíces culturales. Nuestro deseo es compartir esa experiencia, con el ánimo de continuar con la herencia de nuestros antepasados.